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Una forma de servir vino sin descorchar la botella

martes, 31 de marzo de 2015


Greg Lambert es un ingeniero nuclear norteamericano, del International Institut of Massachusetts, cuya afición a los buenos vinos casi se ve truncada cuando su mujer quedó embaraza hace unos pocos años y dejó de acompañarle a la hora de servirse una copa. Ante el dilema de dejar la botella con contenido sin consumir y que éste se malograra en poco tiempo, comenzó a buscar una solución. Tras diversas pruebas inventó su sistema Coravin, con el cual se puede extraer el vino sin descorchar la botella, y que después de diversas pruebas se comercializa a nivel internacional.

"El invento de Greg Lambert consiste en un dispositivo que se coloca sobre la cápsula que aísla el tapón de corcho de la botella. El vino pasa a la copa gracias al gas que da la presión necesaria para circular. Se trata de un gas inocuo que no afecta para nada al vino", explica Juan González, representante de este sistema en Europa, que fue presentado en El Corte Inglés de Palma.

Coravin tiene un pulsador, con una aguja de acceso a través del corcho de la botella que llega a alcanzar el vino, al que se acopla una cápsula de gas argón que sella perfectamente el tapón, impidiendo cualquier fuga, incluso después de su primer servicio, y por último una abrazadera con el calibre de la botella. Por el momento, este dispositivo sirve para botellas de formato pequeño, de vinos generosos, de tres cuartos y Magnum. Respecto a cada carga de gas, puede servir unas 20 copas normales. Sus clientes en potencia son los aficionados al vino que quieren consumirlo en casa y en ocasiones probar varios vinos, así como los profesionales de hostelería y vinotecas, principalmente.

Mientras se comercializa el primer prototipo del sistema Coravin, su creador, Greg Lambert, está trabajando en dotarle de un dosificador, entre otras mejoras. Por el momento, el dispositivo, ideado también para traspasar vinos al decantador, dispone para perforar el tapón de corcho (se excluyen los de plástico) de un juego de tres agujas de diversos diámetros, con una diminuta baqueta para limpiarlas. Si bien el precio actual de este invento es algo alto, se indica que a la larga resulta económico, especialmente en bares y restaurantes, al igual que en botellas de alto coste y antiguas como de memorables añadas, propiciando a la vez que se pueda vender el vino en copas.

En el primer año de su lanzamiento se vendieron unas 70.000 unidades, de las que 40.000 quedaron en el mercado estadounidense, a pesar que las previsiones eran de la mitad. 

"Este invento obtuvo en la reciente edición de Madrid Fusión el premio a la Innovación y Diseño. En cuanto a su fiabilidad, en el 2014 se reunieron a 160 de los mejores sumillers de Europa, los cuales firmaron una serie de botellas que se sirvieron utilizando nuestro sistema, y que después quedaron almacenadas. A principios de este año, en catas a ciegas de dichas botellas realizadas por esos mismos expertos, solo una chica supo distinguir el vino de la botella firmada de otra similar recién abierta. No hay que decir que los vinos de las botellas utilizadas y guardadas estaban perfectos", recalcó Juan González.

Fuente: www.diariodemallorca.es

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